Una relación esencial: Padre e Hija (Gustavo González Urdaneta)
Una relación esencial: Padre e Hija
Gustavo González
Urdaneta
Miami 14 marzo
2025
Desde hace
cuatro años, cuando mi hija Adriana nos dejó, violando la estadística de que
los padres no sobreviven a sus hijos, empecé a revisar mi experiencia en
nuestra relacion padre-hija. En este año, ella cumpliría 55, y me pareció
oportuno compartir muchas de las notas sobre el significado de esa relación con
quienes me han acompañado parcialmente en mi viaje al octavo piso de la vida.
La relacion padre-hijo ha ido evolucionado en la historia y los cambios al
siglo XXI son notables, pero los principios y valores que recibi de los míos y
mis abuelos, son imperecederos y creo que deben mantenerse hoy en día. Eso me
ha llevado a sintetizar lo que me gustaría leyeran como padres o abuelos. Dejen
a un lado esa costumbre actual a desechar los escritos que ocupan más de una
página. Es la norma de la juventud de hoy.
El concepto de
padre a través de la historia ha ido evolucionando paralelamente al de familia.
Antes del padre existía el cabeza o jefe, fundador de una tribu o un clan.
Después vendrá el hombre que pueda tener hijos con una mujer. Nace el concepto
de padre y de aquí el de familia. En Grecia y en Roma no era suficiente la
paternidad biológica, el padre debía reconocer al hijo o hija y podía hacerlo
con uno que no fuera biológico. El padre era un rey, un emperador, tenía un
poder ilimitado, teniendo derecho de vida y muerte sobre su familia. Durante el
cristianismo, el lugar del padre continuo siendo hegemónico. Desde los orígenes
del cristianismo, la familia fue considerada como una monarquía por derecho
divino. El padre, el marido, es un amo que tiene como función explicar y hacer
aceptar la obediencia absoluta al Padre universal.
Durante el
primer milenio después de Cristo, la mujer representa las tentaciones de la
carne y está considerada como un ser inferior, negándosele el derecho a
pertenecer al grupo de los que piensan. Hay que esperar hasta el siglo XI para
que se condene el repudio y el concubinato y para que la mujer pueda acceder a
tener un lugar en la familia. En la Edad Media, la familia se diferencia según
el nivel económico y social: La familia urbana constituye un modelo de familia
occidental, el hijo mayor hereda los bienes, otro hijo será sacerdote y a las
hijas se les organiza el matrimonio. En la familia aristocrática, el padre no
se ocupa de los hijos, los confía a maestros, y sólo los conoce cuando los
chicos han cumplido 15-16 años. En la familia rural, la descendencia es
abundante, el niño es un bien precioso que hay que proteger, pero cuando la
descendencia es muy numerosa el infanticidio es frecuente, y la violencia
paterna forma parte de la vida cotidiana.
En el discurso
humanista la educación y la relación afectivas irán muy ligadas. Rousseau
introduce la idea de que el niño necesita su medio natural para desarrollarse.
A través de la unión estrecha con la madre, el niño entrará en contacto con el
padre. Desde el Renacimiento a la edad moderna, el padre siguió teniendo
autoridad total sobre la mujer y los hijos, y es a partir del siglo XIX que
empieza a tener ciertas limitaciones. Por un lado, se encuentra bajo presión de
las reivindicaciones de las mujeres y los hijos y por otro, el Estado va a
ejercer una mayor tutela, sobre todo en las familias más carenciadas, como
forma de proteger a los hijos de la negligencia paterna. El hijo empieza a
tener derecho y el padre, obligaciones hacia él.
El discurso
naciente del psicoanálisis corta con la representación médica del niño, de la
madre y de la sexualidad. La influencia de Freud sobre las concepciones de la
infancia permanece marginal. Para Freud, el concepto de paternidad está
directamente vinculado al complejo de Edipo, donde encontramos en su obra, dos
elaboraciones sucesivas, la primera, en las cartas de Fliess(1897) y en “La
interpretación de los sueños” y la segunda en “Psicología de las masas y
análisis del yo”, cap. VII “La identificación”, 1921; la cual reviste mayor
interés puesto que manifiesta que durante el periodo preedípico, el niño se
interesa especialmente en su padre, quiere parecerse a él; sería la identidad
de género que está adquiriendo el niño varón.
Hace
muchos años, era común encontrar papás a los que les costaba expresar el cariño
que sentían hacia sus hijos porque culturalmente, se consideraba que esa era
función de la mamá o que a ellas se les daba de una manera mucho más natural.
Hoy en día, los hombres tienen menos miedo a establecer relaciones afectivas
estrechas con sus hijas; los padres son cada vez más protectores y son capaces de mostrar abiertamente sus
sentimientos hacia sus hijas. Mientras están presentes en la vida de sus hijas,
los papás se muestran más vinculados emocionalmente y les transmiten una
importante sensación de seguridad y protección. Mi experiencia personal con
Adriana (qepd) fue que esos sentimientos ejercieron una importante influencia en
la vida de ambos que se reflejó de manera determinante en nuestra convivencia adulta.
El pasado 13 sería su cumpleaños número 55.
Alrededor
de los 3 años, la niña, celosa de la relación entre su padre y su madre,
intentará "seducir" a su padre para "competir" con su
madre. La niña amará a su padre con amor incondicional y admiración inagotable.
Es función del padre liberarla de ese “complejo de Edipo” para transferir su
amor como mujer al hombre que ella elija y no crear una huella de dependencia
emocional en ella. Sin embargo, un padre no debe dejar de recordarle a su hija
que la encuentra bonita para que, como adulta, pueda confiar en ella misma y
amar a otros hombres. De hecho, una niña puede haber tenido una "aventura
idílica" con su padre para poder fortalecerse en su autoestima y su
autovaloración, de cara a su vida afectiva adulta.
Es
en la adolescencia cuando la niña se separará definitivamente de su padre y
resolverá su complejo sintiendo deseo y sentimientos por otras personas. Aunque
persiste la complicidad con papá, se crea un vínculo único, lleno de ternura,
respeto y admiración. El padre tiene un impacto definitivo en la vida de la
niña, que crecerá sintiéndose segura de sí misma, amada por su papá y
respaldada por él para enfrentarse al mundo y a las relaciones interpersonales
fuera de su familia. También es cierto que algunos padres reaccionan de manera
diferente a la buena noticias de la paternidad: algunos solo quieren niños
(hombres) y tienden a rechazar a las hijas y por supuesto, otros nunca
reconocerán a sus hijos o los abandonarán.
Debes
saber que la relación de un padre con su hija le dará su primera mirada masculina,
y su comportamiento frente a las relaciones de pareja se fundamentará en
respuesta a ese amor que recibió del padre, es decir, puede tener dificultades
para mostrar sus sentimientos, para confiar en otros, o puede tender a tener
relaciones inestables. Una mujer siempre tiende a buscar la aprobación de su
padre. A todos nos gusta amar de la manera incorrecta, es decir que amamos pero
no sabemos cómo demostrarlo. Recibir amor también puede ser difícil para
algunos. Si la relación es conflictiva y no permite el libre desarrollo de la
personalidad de la niña, la separación del padre puede ser, a veces, la única
solución para ganar en autoconfianza y salir adelante.
De
acuerdo a los psicólogos, el amor de padre no es más pequeño que el amor de
madre. Ofrece otro horizonte a sus hijos, para jugar, aprender valores y
sentirse más grandes, fuertes e independientes. El amor de padre es más
cómplice de las travesuras y los permisos locos, pero también es la figura
máxima de autoridad y el ejemplo con más fuerza en el corazón de un niño. El
padre que cultiva una relación cariñosa, confidente y honesta con sus hijos,
será un fuerte pilar en las siguientes etapas de sus hijos. Sabrán que pueden
acudir a él aun cuando hayan cometido errores graves y hallarán comprensión y
un consejo amoroso. El padre que dedica tiempo a sus hijos, incluso cuando se
encuentra agotado por el trabajo, deja una huella indeleble en cada uno de
ellos.
Viendo
lo convulso y confundido que esta el mundo y la influencia que tiene la tecnología
en la juventud del siglo XXI creo que se necesita urgentemente un cambio de
prioridades, pues requiere hijos más conscientes y amorosos, seguros de sí
mismos y listos para ofrecer su tiempo y ayuda. Si tú, padre lector, estás
interesado en dejar huella, considera estos aspectos para la formación de tus
hijos y nietos. Sus primeros 4 años son esenciales para el resto de su vida.
Bríndales tu amor de papá sin reservas: cárgalos, aliméntalos, juega y duerme
con ellos cuantas veces puedas. No hagas distinciones de género: todos los
juegos, todos los juguetes y todos los colores son para todos los niños.
Permite que exploren sus límites y sus intereses lejos de cualquier prejuicio. Confía
en sus temores y defiéndelos aun cuando parezca que no hay nada que temer.
Cuando eso pase, no los cuestiones, solo permite que se sientan resguardados en
el amor de papá. Eso que haces o dices mientras crees que no te observan o
escuchan, también lo aprenden. No dejes de observarte, escucharte y analiza si
es lo que deseas que ellos asimilen.
El
amor de padre a hija es único, un lazo incondicional que trasciende el tiempo y
las circunstancias, brindando apoyo, protección y cariño, y formando a la hija
en una persona segura y confiada, contribuyendo al desarrollo de la
autoconfianza y autoestima de la hija. El padre sirve como modelo a seguir en
la vida, enseñando valores, principios y habilidades, es importante que los
padres sean buenos oyentes y discutan las reglas, no solo las dicten y tengan
una comunicación clara y abierta es fundamental para fortalecer el vínculo
padre-hija. Para expresar el amor de un padre a su hija toca dedicar tiempo a
actividades que ambos disfruten, escuchar con atención sus preocupaciones y
pensamientos, darles la libertad de explorar y tomar decisiones, estar a su
lado en las dificultades y celebraciones, reconocer y celebrar sus éxitos. Ser
un modelo de persona responsable, honesta y respetuosa. No es na tarea fácil.
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