Evangelio (Mt 4, 1-11) correspondiente al 1er Domingo de Cuaresma: La Cuaresma
A continuación, podrán leer nuestro comentario al Evangelio (Mt 4, 1-11) correspondiente al 1er Domingo de Cuaresma:
Comienza la cuaresma -uno de los cuatro tiempos fuertes del año litúrgico- y es oportuno recordar el significado de esta palabra que es abreviatura de la expresión latina quadragesima dies, alusiva a los cuarenta días precedentes a la Pascua. Mediante oración, ayuno, limosna y conversión, la cuaresma sirve a los cristianos de preparación para vivir el misterio pascual, es decir la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Es una evidente evocación al tiempo de ayuno de Moisés en su camino al monte Sinaí; de Elías en su trayecto hasta el Horeb; y, sobre todo, del mismo Jesús en el desierto.
En el Evangelio
correspondiente a este domingo, San Mateo nos relata la escena de las
tentaciones de Jesús. La primera tiene lugar en el desierto, a donde había sido
conducido por el Espíritu. Después de un largo ayuno, Jesús siente hambre y es
cuando el diablo le dice: ‟Si de veras
eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en panes”. Le propone
que actúe egoístamente, pensando en sí mismo, y olvide el proyecto de Dios;
pero Jesús, aunque desfallecido, le responde: ‟Está
escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la
boca de Dios”.
La segunda
tentación se produce sobre el alero del Templo. Allí el tentador le propone a
Jesús que entre en la Ciudad Santa descendiendo desde lo alto como el Mesías
glorioso, porque su protección está asegurada. Pero Jesús le responde: ‟También
está escrito: No tentarás al Señor tu Dios”. Jesús no pondrá a Dios al
servicio de su gloria.
Finalmente,
la tercera tentación tiene lugar en una montaña altísima desde donde se divisaban
todos los reinos del mundo, los cuales se los ofrece si se postraba y lo adoraba.
Pero Jesús le dice: “Apártate Satanás, porque la Escritura dice: “Adora al
Señor tu Dios y sírvele sólo a Él”. Jesús nos enseña que este mundo no se
humaniza con la fuerza del poder sino con la fuerza del amor.
Comentarista: Agustín Coll
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