Evangelio (Mt 2, 1-12) correspondiente a la festividad de la Epifanía del Señor: Los sabios del Oriente
A continuación, podrán leer nuestro comentario al Evangelio (Mt 2, 1-12)
correspondiente a la festividad de la Epifanía del Señor:
Los sabios del Oriente
Este domingo
celebramos la venida de los reyes magos; aunque el Evangelio sólo nos habla de
unos sabios del Oriente que se dedicaban al estudio de los astros y veían en
ellos signos del curso de la vida humana. El texto no dice cuántos eran, pero
la Tradición empezó a hablar de “tres magos”, basándose en el número de regalos
que ofrecieron al niño: oro, incienso y mirra. Por su parte, los Padres de la
Iglesia vieron simbolizadas en esas riquezas y perfumes provenientes de Arabia:
la realeza (oro), la divinidad (incienso) y la Pasión (mirra) de Cristo. No es
sino a partir del siglo octavo cuando sus nombres -Melchor, Gaspar y Baltazar-
comenzaron a mencionarse. Más tarde aun es cuando se les considera como
representantes de los pueblos no judíos o de las tres razas entonces en boga
(blanca, amarilla y negra) que reconocerían a Jesús como el Mesías. De alguna
manera, la Tradición entendía que el cristianismo estaba llamado a unir a todos
los pueblos de la tierra.
Pues bien,
estos tres sabios del Oriente llegaron a Jerusalén cuando Herodes el Grande, que
era el rey de todo el territorio de Israel dominado por los romanos, gobernaba Judea,
Idumea y Samaria. A propósito, la referencia a Herodes permite fijar el
nacimiento de Jesús hacia los años 6-5 a.C. pero, por un error de cálculo, el
calendario actual colocó el comienzo de la era cristiana varios años más tarde.
Los sabios
prosiguen su camino hacia Belén, sin acercarse a Herodes (el poder político) ni
al Templo (el poder religioso), sólo siguiendo la luz que los guiaba hacia el
lugar donde pudieron ver a un niño con su madre María, y arrodillándose le
rindieron homenaje. Este Dios, escondido en la fragilidad humana, se revela hoy
a aquellos que, guiados por pequeñas luces, alejados del poder, las posesiones
y el pecado, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano.
Comentarista: Agustín Coll
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