Sociedad de Cómplices Gustavo Gonzalez Urdaneta Miami 31 enero 2021

 

Sociedad de Cómplices

Gustavo Gonzalez Urdaneta

Miami 31 enero 2021

 

En su “Discurso sobre la servidumbre voluntaria” (1548), Étienne de La Boétie parte de un supuesto fundamental, a saber: que todos los hombres nacen libres; que la naturaleza humana posee el signo distintivo y propio de la libertad. En tal sentido, la libertad no sólo es un componente fundamental de nuestra complexión sino que además debería ser el bien más preciado para nosotros, aquel único bien que los seres humanos deberían desear mantener más que ninguno.

Con base en este supuesto fundamental, el discurso de La Boétie se erige sobre una dicotomía entre dos formas de sociedad: el de la complicidad por un lado, el de la amistad por otro, que a largo de su obra va aflorando y consolidando. La primera, contra natura, estará montada en un resorte secreto de dominación, teniendo como características distintivas a la servidumbre, a la sumisión, a la cobardía y a la complicidad; la otra, en consonancia con la naturaleza propia del hombre, se erigirá en una sociedad sin amos y sin esclavos, en una sociedad de íntegros amigos, teniendo como rasgos distintivos propios a la libertad, a la igualdad y mutuo entre-conocimiento de sus integrantes.

Si perdemos este tesoro fundamental y constituyente de nuestro más profundo ser, la libertad, hemos dejado básicamente, según La Boétie, de pertenecer al género humano. Nos hemos convertido, simplemente, en seres totalmente desnaturalizados, indescriptibles, innombrables. El cómplice, como figura legal, pierde ese bien que es su libertad al permitir tolerar a contradecir, aprobar en vez de argumentar, cooperar en vez de inhibirse; prefiere estar bajo la sombra de otro.

Como dijo el filósofo francés Claude Lefort “Debemos entonces apreciar la oposición de dos formas de sociedad, una en la que la relación es la de la ‘conspiración’ y la otra en la que es la del ‘compañerismo’; una en la que ‘se temen mutuamente’ y la otra en la que ‘se aman mutuamente’; una en la que son ‘amigos’ y la otra en la que son cómplices. Y, en este momento, más que nunca se aclara el sentido político de la amistad.” Nuestro interés actual es la “Sociedad de Cómplices”.

Tal es la debilidad de los hombres que algunas veces es preciso el ceder a la fuerza, necesario al contemporizar con otros; no siempre podemos ser los más fuertes. Pero, cuando una nación entera como Venezuela, pueda verse obligada por la fuerza de la necesidad, el miedo, la ignorancia o el interés propio a servir en una sociedad de cómplices de a Uno o Varios, gobierno, oposición e internacional, no debemos admirarnos de su servidumbre, antes bien debemos lamentarnos del fatal accidente que la ha causado; y aún será mejor ni sorprendernos ni lamentarnos, ni tomarlo con resignación sino prepararse para mejorar de fortuna, de inmediato, en el porvenir.

Nuestra naturaleza es tal que frecuentemente sacrificamos con gusto una buena parte de nuestra vida en los deberes recíprocos de la sociedad de la amistad; amar la virtud, apreciar los nobles hechos, manifestarnos reconocidos a la mano que nos ha dispensado bienes, y privarnos hasta de nuestros placeres para aumentar la gloria y progresos de aquellas personas que se han hecho acreedoras a nuestro aprecio, es correspondencia tan justa como arreglada a la razón.

El discurso de Boétie nos enseña que, con todo, cuando un país tenga la dicha de poseer un gran hombre que se haya distinguido por su previsión en conservarlo, por su intrepidez en defenderlo y por su sabiduría en gobernarlo, no es considerado prudente lanzarse a su obediencia y entregarse ciegamente a su dominio, quitándole de un lugar donde brillaba por sus virtudes, para elevarle a un puesto donde pueda obrar mal.     

Así bien, a pesar de todas las consideraciones que La Boétie realiza en torno a la libertad, la igualdad o la fraternidad, es consciente de que toda su reflexión teórica acerca de estos principios fundamentales que los seres humanos deben respetar contrasta fuertemente con lo que a diario observa en la experiencia.  Los hombres no se tratan mutuamente como hermanos, ni como amigos; es más, en la mayoría de los casos ni siquiera se reconocen como posibles compañeros de ruta. Muy por el contrario, continuamente puede constatarse cómo los más fuertes, hábiles o inteligentes utilizan esas ventajas naturales para subyugar a los demás, para sacar un provecho personal y lograr una posición de poder y dominio y, así, se convierten en cómplices.

Ahora bien, más allá de lo penosa e injusta que resulta esa realidad, La Boétie considera que el peor de los males que aqueja a los hombres no es el verse sometido, sino el acostumbrarse a ello. Lo realmente trágico es el hecho de que, en su inmensa mayoría, los hombres se han amoldado tanto a dicha desigualdad que incluso han llegado a concebirla como algo natural, como algo dado. Los cómplices no parecen darse cuenta de la desgracia a la que se encuentran sometidos, no parecen notar que ese estado suyo es, parafraseando al autor, más un languidecer que un vivir.

En la bibliografía revisada sobre la sociedad de cómplices demuestran y/o verifican que muchas situaciones consideradas focos de malestar pueden ser, al mismo tiempo, consecuencia inherente a las ideas legitimadas. Pienso que en ellas se busca sedimentar un concepto de lo político que trascienda lo institucional y alcance la acción diaria de participar, por acción u omisión, de la legitimación de las ideas que determinan lo hacible y lo justo dentro de un orden social hegemónico. En este marco, surgen el realismo trágico y la lógica de la víctima–cómplice como proposición para repensar el malestar social y su reproducción.

Marcelo Moriconi, doctor en Ciencia Politica, en su artículo “El malestar social y la víctima–cómpliceestipula cuatro categorías puras en la lógica victima-cómplice: Por miedo; por necesidad; por interés propio y por ignorancia.

Víctima–cómplice por miedo. El ciudadano sucumbe a la amenaza o persuasión física y termina por dar libre albedrío al desarrollo de la situación, ya sea que se "haga de la vista gorda", evite la denuncia o tome la coyuntura como algo habitual que no está al alcance de sus manos cambiar. El miedo no es una organización ni una sociedad secreta: es un método para detentar el poder.

Víctima–cómplice por necesidad. Esta categoría se puede ejemplificar con las trampas recursivas del capitalismo de especulación, que en el marco de sociedades muy polarizadas propicia crisis en distintos marcos y ámbitos, por ejemplo, la oferta y la demanda y el trabajo. De esta manera, el trabajador, ante la necesidad de empleo, será cómplice por necesidad de la rueda capitalista que expande la brecha entre ricos y pobres. La necesidad nunca hizo buenos negocios ni conoce leyes.

Víctima–cómplice por interés propio. Esta relación muestra el alcance múltiple de la lógica de la víctima–cómplice, pues la búsqueda del interés propio, al menos, afecta negativamente la calidad de vida. A pesar de la fortuna y el éxito, su vida transcurre en la dualidad de su ambiente particular y privado cerrado y una vida pública en un ambiente amenazante y psíquicamente peligroso. Otros ejemplos son el paternalismo político, el clientelismo y el caciquismo clientelar.

Víctima–cómplice por ignorancia. Víctima de culpabilidad menor o víctima por ignorancia: en este caso se da un cierto impulso no voluntario al delito. El sujeto por cierto grado de culpa o por medio de un acto poco reflexivo causa su propia victimización. Las causas que promueven esta condición son variadas y se relacionan con la generación de un malestar permanente. La ignorancia de las masas es cómplice y aliada de las clases dominantes. 

Las distintas categorías —aunque diferenciadas al modo de tipos ideales weberianos— no se presentan en condición pura, sino que, en el marco de diferentes contextos y distintos ámbitos o campos que construyen la vida social, se presentan en forma plural y conjunta y con diversos grados de acentuación. Si se considera a la víctima–cómplice, cuando se piensa en la recursividad organizacional sobre un foco de conflicto social, es necesario apuntar de manera fundamental a las ideas y valores aceptados y reproducidos por el imaginario colectivo. De este modo es como las víctimas pudieran ser partícipes activas de su propio malestar.

Muchos piensan que cómplice solo es el que ayuda a perpetrar el delito, pero que pasa con los que se benefician o disfrutan de los delitos. Igualmente, Cuba, Irán, Rusia y China son países sobre los cuales ha descansado el soporte real del régimen de Maduro. ¿No es eso complicidad? Igual cabría advertirle al Tribunal Penal Internacional: ¡sancione; no sea cómplice, por favor! Revisa tus relaciones y pregúntate ¿también eres un cómplice?

Vivimos en una sociedad de cómplices donde los problemas que nos aquejan según cada grupo social, político, económico son por culpa del que consideran su enemigo, por eso les cuesta llegar a un acuerdo para buscar soluciones, no son capaces de reconocer sus errores, ya que eso podría servir como plataforma, por ejemplo política, favorable para cualquiera de los dos bandos y ninguno querrá doblegar su intencionalidad aun sabiendo que el beneficiado es todo un pueblo.

Nuestros políticos, parte integrante de esta sociedad de cómplices, cultivan la retórica pues creen que es un arte que tiene la capacidad de dominar a los demás, sin embargo, Sócrates considera que la retórica busca agradar, pero no se propone mejorar moralmente a quien la ejerce o a quien la escucha. Era convicción de Sócrates y de Platón que la retórica, como práctica de la manipulación comunicativa sin moral, conduce a la tiranía.

Mark Thompson, en su libro “Sin palabras ¿Qué ha pasado con el lenguaje de la política? (2017), nos enumera una cantidad de pensadores clásicos que han testimoniado la conexión existente entre decadencia del lenguaje y la crisis política. En el presente: vivimos “una crisis del lenguaje político” caracterizada por la mentira, el giro y la demagogia. Todos los practicantes del estilo desmesurado presentan características comunes. Son enemigos de la argumentación sistemática y basada en pruebas, y tienden a exhibir ira y expresarse en vituperios.

Aristóteles distingue, en el acto de elocuencia, tres elementos: el logos, el ethos y el pathos. El logos representa el respeto a la lógica que debe estar presente en la argumentación. Mientras que el ethos al carácter del orador que le brinda la autoridad a su discurso. Finalmente, el pathos es la emocionalidad de la audiencia con la que debe empatizar el orador. En una ciudad bien ordenada, es decir, en un clima político de respeto donde se piensa primero en el bien común, debe haber un equilibrio entre estos tres elementos. Lamentablemente, este equilibrio es amenazado por las ambiciones políticas disfuncionales. No existe en Venezuela.

En la actualidad, ha ido ganando importancia la personalidad del orador sobre la argumentación. La supuesta franqueza del orador, la cual no es sinónima de sinceridad, le da licencia para encender las pasiones y apagar la razón. El populismo y los totalitarismos se nutren de las pasiones políticas, es decir, el miedo y el odio. Una opinión coherentemente democrática debe someterse a dos cosas, los principios éticos y la lógica de la argumentación, es decir, la verdad de las evidencias y la validez de los razonamientos.

Evidentemente, es necesario un nuevo tipo de discurso político en el cual los políticos traten al pueblo como adultos y se sometan conscientemente al escrutinio prudencial de su audiencia compartiendo algunas de sus ideas reales sobre política, incluidas las dolorosas y delicadas compensaciones que enfrenta.

Eso supone recuperar la prudencia, la sabiduría práctica y, a partir de ella, restablecer el equilibrio retórico perdido: devolver la salud a nuestro discurso público pasaría por empezar a reintegrar argumentación, autenticidad y empatía hasta formar un todo razonable. Es sencillo decirlo, pero no es tan fácil de hacer, pues implica una reforma en la educación de toda la sociedad. Sobre todo, se debe enseñar los principios éticos y las virtudes cívicas de respeto mutuo y de respeto a las instituciones democráticas. Esta es una lección para los políticos, los medios de comunicación, los intelectuales, y la población en general.

Parafraseando a La Boétie, quien reconoce muchas veces que se sale de la línea general del Discurso, diciendo en varias ocasiones: «Y volviendo al hilo de mi discurso...»  …volvamos al problema central en una Sociedad de Cómplices.

¿Cómo puede el hombre, a quien su nacimiento y su naturaleza hacen libre, soportar la realidad universal de la dominación y la servidumbre?  La pregunta ha sido a su vez reformulada a partir de nuevos enfoques que tratan de darle respuesta. Es el caso del sociólogo francés Luc Boltanski, quien retoma la duda y se plantea: «¿por qué aceptan los actores la existencia fáctica de desigualdades siendo [···] que resulta harto difícil justificarlas, incluso desde el punto de vista de una lógica meritocrática?» o, dicho de otro modo, «¿cómo un pequeño número de actores puede establecer de manera duradera un poder sobre un gran número de actores?». Y, en esto, me refiero a nosotros, los venezolanos.

¿Por qué nos sometemos?, ¿de dónde toma fuerza el miedo, la necesidad, el interés propio o nuestra ignorancia que nos hace conformarnos con nuestras cadenas?  Para La Boétie queda claro que la servidumbre solo puede ser voluntaria cuando el tirano, la Sociedad de Cómplices, representa algo que colma los deseos de la sociedad, del pueblo diría él, que somete. Bien, eliminemos de nuestra mente la idea del régimen actual en Venezuela y, tomemos nuestro día a día y escuchemos lo que nos tiene que decir el librito de La Boétie. Haced la prueba, estremecerse con unas palabras escritas hace más de 470 años merece la pena. Al fin y al cabo, ¿qué quiere la gente…? ¿La libertad?, ¿o lo que poseen quienes están un poco más arriba en la pirámide social… dominar a otros tal y como ellos mismos son dominados? En definitiva: ¿cuáles son y cómo funcionan los misteriosos mecanismos que respaldan la servidumbre voluntaria? Y preguntémonos… ¿qué tiene que ver con la salud mental?

Es probable que si consultamos a nuestros amigos psicólogos nos digan, sin temor a equivocarnos ¡TODO! Vivir gobernados por la inacción garantiza la ausencia de salud. Siempre hemos tenido claro un único principio: el grado de salud mental es proporcional al desarrollo de la autonomía. Autonomía y servidumbre son antagonistas. No hay diálogo posible. A cada cual le toca pensar dónde acaba la represión pura y dura y comienza su sumisión, su delegación en otros, y en definitiva, ¿su cobardía? No estamos libres de culpa, pero seguimos tirando piedras…

En un artículo leído recientemente, Ochoa Terán, aconsejaba a los venezolanos que estaban dadas unas condiciones únicas para reactivar la unidad necesaria y aprovechar para un cambio de gobierno, pues, por primera vez, en su opinión, el soporte principal del régimen actual (Cuba, Rusia, China e Irán) eran los principales adversarios estratégicos de la nueva administración de los Estado Unidos, de la Unión Europea y de Venezuela. Él considera que está dada una condición simple de sobrevivencia social pero dudaba si los bolivarianos no optarían, como de costumbre, a cambiar algún detalle y que todo siga igual. Hay que dar más tiempo para conocer realmente la nueva politica exterior de los Estados Unidos y Alemania.

¿Qué título daremos a la suerte fatal que agobia a los venezolanos? ¿Por qué desgracia o por qué vicio, y vicio desgraciado, vemos a todo un país tiranizado; sufriendo la humillación, los vejámenes, el abuso y las crueldades, no de un ejército enemigo, ni de una legión de bárbaros, contra los cuales hubiera que arriesgar la sangre y la vida, sino de una sociedad con frecuencia la más cobarde de la nación, que aspira nada menos que a gobernarnos por la fuerza de la manipulación y complicidad.

¿Llamaremos a eso cobardía? Todos los extremos tienen sus límites: dos y aún diez pueden temer pero no será por cobardía el que todo un país no se defienda, puesto que la cobardía no puede llegar hasta este punto, así como tampoco podemos esperar que el valor no se extiende tampoco a que Uno solo logre salir de la usurpación e instalar un gobierno de transición. Pongamos a todo el pueblo venezolano luchando contra la sociedad de cómplices, los unos peleando por su libertad y los otros para arrebatársela. ¿A favor de qué partido se prevé la victoria? ¿cuáles irán más animosos al combate, los que aspiran a la recuperación de la libertad o los que van para continuar viviendo en la esclavitud de la complicidad?

Los primeros fijan la vista en la felicidad de su vida pasada y en la esperanza de un lisonjero porvenir; a los segundos no hay cosa que los anime salvo una miserable codicia.  Debe triunfar el deseo de mantener su libertad porque no combatirán contra la sociedad de cómplices únicamente, sino por el triunfo de la Libertad sobre el Despotismo, el Derecho sobre la Usurpación.

““Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder, ni virtud.” Simon Bolívar

Comments

  1. Enfoque amplio y claro de la situacion. Tal vez en las víctimas se podría acotar que la ignorancia inducida o propiciada puede reforzar
    la inacción.

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  2. Querido Gustavo: excelente planteamiento en todo tu artículo, al cual yo le agregaría, que en Venezuela no tenemos memoria histórica, negándonos continuamente a adquirirla, como trataré de explicártelo:
    La dictadura de JV Gómez duró casi 30 años y en la Rotunda hubo miles de presos que fueron torturados, vejados y asesinados, como es sabido por muchísima gente. Murió Gómez demolieron la Rotunda y ninguno de esos asesinos, ni mucho menos ningún funcionario corrupto fueron enjuiciados por esos horribles crímenes.
    Después tuvimos la dictadura de Pérez Jimenez y, se aplicó la misma receta, es decir, destruyeron la Seguridad Nacional, PJ, Pedro Estrada y la mayoría de los asesinos se fueron a disfrutar del dinero robado y a morir tranquilamente al exterior, y por supuesto, ningún preso.
    40 años de democracia, la guerrilla matando policías, soldados etc. y ninguno preso; y el único preso por corrupción, fue el chino de Recadi.
    En conclusión: aquí no existe El Castigo, en virtud que descubrimos, que lo mejor es botar el sofa por la ventana, o sea, es una solución mas ¨adecuada, menos traumática y más económica¨ que enjuiciarlos, como hicieron en Nuremnerg o manteniendo las ergástulas de Auschwitz, para que las nuevas generaciones conocieran los horrores de los genocidios.
    Por último, no quiero despedirme de ti, sin reiterarte mi mas profunda y sincera fraternal amistad

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  3. Por razones de volumen y restricciones del sistema me veo obligado a sacar el comentario siguiente en dos partes

    ¿Quiénes conforman la sociedad de cómplices?

    Está claro que para recuperar el país, y conseguir el bien que deseamos, los venezolano emprendedores no tememos ningún peligro y, al igual que el trabajador, no escatimamos ningún esfuerzo. Sólo los cobardes y los perezosos se convierten en socios de la complicidad imperante, no les queda más que el natural anhelo de poseer. Hay un solo bien que los hombres, no sé por qué, no tienen ni siquiera fuerza para desearla. Es la libertad, ese bien tan grande y dulce, que cuando se pierde, todos los males sobrevienen y que, sin ella, todos los otros bienes, obtenidos por la servidumbre, pierden enteramente su gusto y sabor.
    El Estado venezolano, patrimonialista y monopolizador de las riquezas del país, se vincula con el ciudadano para obtener su servidumbre. Un Estado interventor proclive al saqueo produce una sociedad de cómplices. Somos una sociedad de cómplices, en la cual existen o conviven varias realidades, la conveniencia de unos son los perjuicios de otros. En esta sociedad, destruimos las vidas de unos sin tener conciencia de los otros. La clase dominante económicamente, está a espalda de la creciente necesidad de consumo; pero es la clase política, con sus percepciones y mensajes etéreos que hacen más daño. En esta sociedad de cómplices, todos aportamos al caos, en la cual, incumplimos leyes, pretendemos beneficios sin merecerlo, aportamos o motivamos comportamientos en detrimento de las demás personas, sin preocuparnos de las consecuencias de nuestros actos banales y corrompidos.
    Carlos Blanco en su libro “Revolución y Desilusión-La Venezuela de Hugo Chavez”, revisado en 2020, nos dice una gran verdad y realidad en relacion a los partidos políticos “Al constituirse en las herramientas del reparto de la renta petrolera se convirtieron en los principales beneficiarios de la renta política que, a cambio, les era provista como contraprestación social. Se transformaron en la bisagra entre el Estado y el resto de la sociedad y en parte orgánica del Estado. Se hicieron partidos-de-Estado: dejaron de ser formas de existencia de la sociedad civil, para convertirse en formas de existencia del Estado ante la sociedad civil”. Miembros fundadores.
    Tal vez, hoy en día, los principales miembros activos de esta Sociedad de Cómplices son los políticos de ambos bandos, donde se ha implantado el amiguismo y el compadrazgo, entre los cuales, la corrupción ha llegado al límite y el posicionarse bien para sus propios intereses. Los funcionarios y amigos del régimen se escogen por afinidades, lealtades y complicidades en negocios con el único fin de enriquecerse. En Venezuela, esa complicidad ha traído la involución de los valores y principios, que deben existir en cada persona, por sus antónimos. Los altos oficiales militares se han hecho cómplices de los partidos para desarrollarse institucionalmente, por una vía deformada, la corporación militar a través de múltiples negocios.

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  4. En Venezuela la democracia se ha convertido en tiranía y autoritarismo cívico-militar, la justicia en impunidad llegando a lo inexplicable con las bandas de delincuentes, la tolerancia por intransigencia, el respeto por irreverencia, la honestidad por corrupción en forma descarada, el conocimiento por ignorancia supina, la habilidad por improvisación y la armonía en odio. Si a eso se le añade la inacción enquistada en el pueblo, jamás recuperaremos la Ley y la Libertad
    No creo que haya duda de que el gobierno de Nicolás Maduro continúa recibiendo asistencia de Cuba, Rusia y China y que hay presencia en el país de terroristas de las FARC, del ELN y del Hezbollah y que el narcotráfico no es nuevo. Irán se ha unido a China y Rusia en el envío de suministros para apoyar a Maduro. Sobre los "colectivos", grupos paramilitares con alrededor de 50,000 miembros distribuidos en unas 500 guerrillas urbanas, no hay duda de que constituyen “una amenaza real” y, todos, forman parte de la sociedad de cómplices que rige en el país.
    La Corte Penal Internacional (CPI) debe sentenciar y dejar de ser cómplice. En febrero se espera la decisión para el reemplazo de Fatou Bensouda, cuyo mandato termina el15 de junio, y entre los ocho finalistas para ocupar el cargo de fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional, con sede en La Haya, prevalecen vientos de cambios y reformas para volverlo más ágil y eficiente, Incluso hay quienes piensan “traer expertos de otros países al tribunal y también sacar la Fiscalía de La Haya y llevarla a los territorios donde están los problemas”. Dos tercios de la comunidad internacional, 123 países, han ratificado hasta la fecha el Estatuto de Roma pero algunos afirman que “se ha producido una ruptura Norte-Sur y ese diálogo en relación con la corte es indispensable y hay que restaurarlo”.
    Un acto de complicidad es acudir a falsos procesos electorales, teniendo en cuenta la larga historia de fraudes que hemos vivido en Venezuela; pero haciendo caso omiso participan, sin antes consolidar el rescate de los máximos institucionales que posibilitan elecciones libres. y con ello reconocen y legitiman el sistema que hoy secuestró el poder. Igual son cómplices quienes hablan de un chavismo democrático en un sistema contrario a la libertad del individuo. Son tan democráticos que en sus inicios expropiaron cientos de emisoras de radios, periódicos y canales de televisión. Nos hace falta un poco más de criterio para poder rebelarnos contra un sistema que no funciona y que ha fracasado alrededor del mundo. Una sociedad de cómplices es lo que debemos romper cada ciudadano para avanzar hacia la libertad.



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  5. En todos sus artículos Gustavo nos da información enriquecedora e ilustrativa, como cuando glosa a Aristoteles:
    “Aristóteles distingue, en el acto de elocuencia, tres elementos: el logos, el ethos y el pathos. El logos representa el respeto a la lógica que debe estar presente en la argumentación. Mientras que el ethos al carácter del orador que le brinda la autoridad a su discurso. Finalmente, el pathos es la emocionalidad de la audiencia con la que debe empatizar el orador.”
    En cuanto a su juicio de valor sobre la Libertad como componente fundamental del Hombre, diría que la Libertad se convierte en componente fundamental luego que se conquiste la Supervivencia, salvo que se este dispuesto a morir por aquella. No todos estarían dispuestos y se produciría lo que La Boetie considera acostumbrarse y califica como el peor de los males, opinión esta que merece matizarse.
    Estos planteamientos formales sobre la sociedad de complices son aplicables al mundo real donde juegan tantos factores?
    Donde la Tecnologia vuela y el desarrollo Social se arrastra ? Donde se requiere un ciudadano informado, responsable, racional, que pareciera en vias de extinción ? Donde la Especie enfrenta retos existenciales ?
    El problema de la Gobernanza se hace cada vez mas difícil.





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