Tutelaje de EEUU sobre Venezuela (Gustavo González Urdaneta)

 

Tutelaje de EEUU sobre Venezuela

Gustavo González Urdaneta

Miami 7 marzo 2026

 

 

¿Cuándo nace el Tutelaje de EE UU sobre Venezuela y que lo asiste en declararse Tutor? EE.UU. inició en agosto de 2025 una escalada de tensión diplomática, política y militar contra Venezuela desde que decidió duplicar la recompensa por la detención del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, al que acusa de amparar (y después, liderar) una red de narcotráfico, el cártel de los Soles, que afectaba al país norteamericano y que ha sido designada organización terrorista. La Administración de Donald Trump anunció al final del verano un despliegue militar en aguas internacionales del Caribe, próximas al país suramericano, que ha exaltado la relación entre Caracas y Washington. La movilización militar ha servido de marco para el bombardeo, entre septiembre y diciembre, de unas 35 embarcaciones y la incautación de varios buques petroleros sancionados como parte de una operación que la Casa Blanca defiende como una acción antidroga.

 

Caracas denuncia lo anterior como una "amenaza" para apropiarse de las reservas petroleras del país y provocar un "cambio de régimen", el cual se ha tratado de propiciar finalmente con los ataques a infraestructuras militares estratégicas de Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro y su mujer el 3 de enero de 2026, en una acción unilateral estadounidense que rompe con el derecho internacional. Entiendo que a partir de esa fecha el Tutelaje recibe la aprobación tácita tanto del régimen narcoterrorista como de la mayoría de los venezolanos residentes y en la diáspora, aunque con muy distintos objetivos.  “Santo bendito y se acabó el sermón” es una expresión popular utilizada para dar por finalizado un asunto pero en este caso no es un cierre drástico y definitivo, sino, como diría Cantinflas, todo lo contrario. El inicio de la esperanza final del pueblo venezolano de salir del secuestro de 27 años del régimen, y la continuidad estratégica chavista de darle largo al tiempo para mantenerse en el poder. ¿Sueño y realidad, quien tiene la razón?

 

Muy pronto para saberlo. Las noticias dicen que según Marco Rubio “Nuestra prioridad inicial después de la captura de Maduro fue asegurar que no hubiera inestabilidad, que no hubiera migración masiva, que no hubiera violencia desbordada, y creemos que lo hemos logrado”. Una aseveración de esperar pues se corresponde con la estrategia chavista de distraer y permanecer en el poder. Igual se dice que el funcionario estadounidense aseguró que Venezuela se desarrollará como un país productivo y se beneficiará de su riqueza cuando se realicen elecciones presidenciales “legítimas, democráticas y justas”. De acuerdo a EEUU, el gobierno encargado de Delcy Rodríguez ha cumplido acciones que, previo al ataque y captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, serían “inimaginables”. “Han liberado presos políticos, están, por primera vez en mucho tiempo, generando ingresos petroleros que van en beneficio de su pueblo, utilizando esos fondos para comprar equipo médico que es necesario para su sistema”. Aún queda mucha tela por cortar pero recuerden que los pueblos deberán sacudirse todo tutelaje y entender que por encima de las consideraciones particulares está la fraternidad de todos los seres humanos.

Publicaciones en las redes sociales coinciden en que Venezuela atraviesa una etapa inédita, marcada por un tutelaje político abierto en la cual vivimos un ataque quirúrgico para extraer a quien ejercía funciones de presidente de la República, y acto seguido vimos al gobierno de Estados Unidos atribuyéndose directamente la acción. Todo parece indicar que la presidencia de Delcy Rodríguez está amarrada a su disposición a cumplir con las aspiraciones que provienen desde Washington. Como ya dijéramos antes la figura actual es un tutelaje impuesto por Estados Unidos y aceptado voluntariamente por Venezuela. No hay duda de que la reapertura del sector hidrocarburos se debe a la acción de los Estados Unidos y la salida de Nicolás Maduro. Lo que preocupa es que el mentado Tutelaje no tiene aún un horizonte temporal definido y dependerá de cómo se responda a las exigencias de Washington, de la reacción de los sectores internos, civiles y militares, y del resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos.

 

Los EEUU ha nombrado a una Encargada de Negocios con rango de embajadora como una señal de buena disposición, dando señales de que aún no hay confianza total. Ese matiz, según los internacionalistas, puede ser clave. Mientras tanto, en las calles de Caracas, entre dudas, esperanzas y resignación, las personas avanzan inmersas en su rutina en un entorno aún confuso y con la creciente percepción de que el país vive bajo una calma asistida. Una calma tras la cual se genera también la duda, para muchos, de en qué punto los venezolanos podrán tomar de nuevo sus propias decisiones sin un tercero en el tablero. Entretanto, en una manifestación estudiantil en Caracas, algunas personas acudieron con la fecha “3E” en sus gorras o franelas, día en el que ocurrieron el bombardeo y la captura de Maduro. El mensaje es de agradecimiento por, según afirman, haber hecho cumplir de esa forma el mandato de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024.

 

Los factores democráticos insisten en que ésta es la oportunidad para la restauración democrática de Venezuela. Sin embargo, el riesgo de enfrentamientos internos y de una crisis humanitaria aún mayor es real. La gobernanza de Venezuela se encuentra en un terreno incierto, donde la legalidad constitucional se diluye y la fuerza de los hechos se entrelaza con la anarquía. La sobrevivencia de lo que resta del Cártel de los Soles, la cúpula militar, los grupos paramilitares y los colectivos crea un ambiente propicio para que actores fuera de control se vuelvan peligrosos para la sociedad civil. El desenlace aún no está escrito. Venezuela entra en 2026 en la más absoluta incertidumbre. No hay desenlace escrito, pero sí una certeza: el sistema autoritario no puede sostenerse y está bajo la amenaza de un segundo y definitivo ataque por parte de Estados Unidos. El desenlace implica una ruptura, aunque existen dos elementos indefinidos: el nivel de violencia y el grado del protectorado anunciado por Trump. El problema no es si habrá cambio, sino cómo sucederá y a qué costo.

 

 

Los eventos recientes de enero de 2026 han llevado la crisis venezolana a un punto de inflexión histórico y extremadamente complejo. Lo que antes era una crisis institucional y económica crónica, hoy se ha transformado en un escenario de conflicto abierto e intervención internacional. El quiebre político e institucional, tras años de tensiones y las controvertidas elecciones de 2024, ha cambiado drásticamente este año. Actualmente existe una presidencia interina ejercida por Delcy Rodríguez (bajo estado de emergencia), mientras que sectores de la oposición y la comunidad internacional debaten el futuro de una transición liderada por figuras como Edmundo González y María Corina Machado. Aunque hay un control coercitivo en las ciudades, existen zonas bajo el dominio de grupos armados e incertidumbre sobre la cadena de mando militar. La complejidad de la situación económica y petrolera hace que la economía venezolana esté en una fase de “reinicio forzado”

 

Analistas proyectan una posible reactivación económica de 30%, si se concretan los acuerdos petroleros con la administración Trump, aunque el país requiere inversiones superiores a los 100.000 millones de dólares para recuperar su industria. El país se encuentra en un escenario de “tutela”, donde el alivio de las sanciones y el regreso de trasnacionales energéticas son la única vía para frenar la hiperinflación persistente. ACNUR y la Organización Internacional para las Migraciones reportan que la violencia reciente ha generado nuevas olas de desplazamiento interno y hacia las fronteras. Se estima que el 86% de los hogares vive en condiciones de pobreza, con un sistema de salud colapsado que depende casi totalmente de la ayuda humanitaria internacional, proveniente de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios.

 

Si hablamos de perspectivas futuras, la situación en Venezuela sigue siendo incierta y dependerá de diversos factores, como la evolución de la economía petrolera, las decisiones políticas externas y la presión internacional. Es evidente que la salida de la crisis requerirá un esfuerzo conjunto de todos los actores involucrados y una voluntad política de encontrar soluciones a largo o mediano plazo. Sin embargo, el régimen continúa gravitando en el paradigma mediático y la crisis se impone. Además, por su dominio en los medios, tiene toda una fortaleza relativa. No obstante, la relevancia que posee el contenido real de la esencia de la actividad política no debe ser ignorada. Delcy Rodríguez transita por una cornisa de un país que ha estado sumergido en la peor crisis política, económica y social de la historia. La crisis en Venezuela es compleja y está interconectada en múltiples niveles. La búsqueda de soluciones duraderas implica no solo abordar los problemas inmediatos, sino también trabajar hacia un cambio político que permita construir un futuro más estable y próspero para todos los venezolanos. Creo que es hora de dejar claro al tutelaje norteamericano que es lo que esperamos los venezolanos, adicionales a las gestiones que están en curso. La resolución del conflicto interno requerirá un compromiso sostenido por parte de todas las partes involucradas.

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Durante su reciente discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Trump, alabó frecuentemente a la mandataria interina de Venezuela, y reiteró que su gobierno trabaja "estrechamente con Rodríguez" con el fin de "impulsar extraordinarios avances económicos para ambos países”. Insistió en que la presidenta encargada venezolana, Delcy Rodríguez, "está haciendo un excelente trabajo" y colaborando "muy bien" con su país. “El petróleo está empezando a fluir, y el profesionalismo y la dedicación entre ambos países es algo muy grato de ver", escribió Trump en un mensaje en su red Truth Social. Lo anterior son resultados de las reuniones de los Secretarios de Energia y  del Interior de EEUU con Delcy Rodríguez, como parte de los planes del presidente Donald Trump de ejercer un control sobre los recursos energéticos y minerales de Venezuela. La Rodriguez, a su vez, promete revisar y ampliar las leyes necesarias de energía y minas. Ganando tiempo a su favor.

 

Para que mejore la vida en Venezuela los beneficios que la población espera recibir, producto del tutelaje de EEUU y sus muy exaltadas relaciones con Delcys, es abordar la emergencia humanitaria con financiamiento internacional y apoyo a las poblaciones vulnerables. mejorar la salud, la alimentación, la educación y el acceso al agua potable, y apoyar a las organizaciones que ayudan a las personas migrantes y refugiadas venezolanas. Implementar un plan de recuperación económica que atienda la crisis humanitaria y promueva el crecimiento, restaurar la independencia del Banco Central, establecer un sistema de bandas de inflación, y promover la inversión privada y la generación de empleos para mejorar los servicios básicos como electricidad, agua y transporte. Promover la justicia y la rendición de cuentas por los abusos a los derechos humanos. apoyar a los defensores de los derechos humanos y a las organizaciones de la sociedad civil y garantizar la libertad de expresión y la participación política.

 

Hasta ahora, no tengo claro que esta situación pueda clasificarse como la fórmula “ganar-ganar”, donde cada parte que venga a “invertir, gane y que el pueblo de Venezuela gane para la felicidad social de nuestros ciudadanos, para la atención y la protección social...y para invertir en infraestructura en el país”,  como aseveró la Rodriguez. En febrero la administración estadounidense anunció su intención de crear un bloque comercial de minerales estratégicos con sus aliados y socios para defenderse del control de China en la cadena de suministro de estos minerales y tierras raras, esenciales en la fabricación de automóviles eléctricos, aviones militares, aparatos electrónicos y teléfonos móviles. Además del petróleo, Venezuela es rica en oro, cobre, diamantes, coltán y otros metales preciosos, pero su explotación es insegura porque se trata de una industria poco regulada Algo no está claro ¿Qué piensan Ustedes? Amanecerá y veremos.

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