La Doble Moral (Gustavo González Urdaneta)
La Doble Moral
Gustavo González Urdaneta
18 agosto 2026
La ética y la moralidad son dos de los componentes más importantes de la vida humana. El hecho de vivir en sociedad hace que creemos normas acerca de lo que está bien y está mal, lo bueno y lo malo, para regir nuestras propias vidas e intentar que las personas que nos rodean sigan las mismas reglas de juego. Sin embargo, en este aspecto es fácil confundirse con los conceptos relacionados con nuestra manera de entender el bien y el mal, dado que estos son conceptos muy abstractos. La moral es el conjunto de reglas que establecen lo que está bien y lo que está mal, no en un sentido estético ni funcional, sino en uno ético. Por otro lado lo inmoral es, en definitiva, aquello que va en contra de lo moral, mientras que lo amoral es aquello que está al margen de esta. La doble moral, también llamada doble rasero, es la actitud de quienes promueven públicamente un determinado código de comportamiento, pero no lo aplican a sus propias acciones. Las personas con doble moral utilizan dos códigos morales distintos: uno para sí mismas o su grupo cercano y otro para los demás. Vamos a hablar de la doble moral.
El filósofo y escritor británico Bertrand Russell (1872-1970) ilustró esta idea al afirmar que la humanidad posee “una moral que predica y no practíca, y otra que practíca y no predica”. Esta reflexión pone de manifiesto la contradicción entre el discurso moral y las acciones reales. La doble moral suele interpretarse como un signo de hipocresía, falta de compromiso con los propios ideales o deshonestidad, ya que concede libertades y beneficios a unos, mientras que se muestra inflexible e intolerante con otros. Por ejemplo, una persona con doble moral castigaría a alguien por mentir, aun cuando ella misma mienta con frecuencia. Por eso, se trata de una conducta alejada de la equidad y la justicia. Toda doble moral es, por lo tanto, contraria a la igualdad ante la ley y la imparcialidad. La doble moral, por su parte, implica una aplicación desigual de esos principios: se promueven ciertas conductas en los demás, pero no se exigen con el mismo rigor en la propia conducta. Caracteristica común en el perfil de los políticos.
Tampoco crean que es una exclusividad de los políticos. Nada que ver. La doble moral la ejemplifican, sin querer ser exhaustivo, un político que condena la corrupción, excepto cuando involucra a personas de su mismo partido o familia; un líder religioso que predica la humildad y el desapego mientras disfruta de lujos y privilegios; un ecologista que denuncia el consumismo, pero no recicla ni cuida su consumo energético; un empresario que defiende el libre mercado, pero su empresa se beneficia de subsidios o favores estatales; y cualquier persona que exige respeto y tolerancia, pero descalifica a quienes piensan distinto. La doble moralidad en la política no solo genera desconfianza entre los ciudadanos, sino que también implica una grave amenaza a la democracia. Cuando los líderes no son coherentes en sus palabras y acciones, dificultan el progreso social y fomentan la apatía. Venezuela en sus últimos 27 años.
No quiero caer en reflexiones bizantinas sobre el origen de la doble moralidad pero se remonta a la naturaleza humana misma. Desde tiempos antiguos, las personas han creado normas y reglas que consideran correctas, y a los efectos de este artículo, basta con saber que muchas veces éstas no son aplicadas de igual manera a todos. Lo importante es que desde los griegos se considera que la participación en la vida política es esencial para el desarrollo de la ciudadanía y el funcionamiento adecuado del mundo. Los ciudadanos deben involucrarse en la toma de decisiones, debatir sobre cuestiones de interés público y contribuir al bienestar común. La participación política no se limita al ejercicio del voto, sino que implica un compromiso constante con la comunidad y una disposición a asumir responsabilidades cívicas. Los ciudadanos deben estar informados, ser críticos y estar dispuestos a defender los principios de justicia y equidad. La noción de Aristóteles de que el hombre es un animal político no es una simple afirmación descriptiva, sino que encierra una profunda reflexión sobre la esencia de la humanidad y su relación con la sociedad. Para Aristóteles, la polis, o ciudad-estado, no es un mero agregado de individuos, sino una comunidad natural que permite el desarrollo pleno de las potencialidades humanas. Es en el contexto de la polis donde el ser humano puede alcanzar la virtud, la felicidad (eudaimonia) y realizar su naturaleza racional. Esto forma parte de la esencia y objetivo del presente artículo.
Las dictaduras como la de Venezuela, no solo encarcelan, censuran o empobrecen. También reordenan moralmente a la sociedad. La prolongación del régimen ha producido un daño más profundo que el visible en las estadísticas o en la represión abierta: ha debilitado la confianza, normalizado la mentira, castigado la autonomía y premiado la obediencia. En un entorno donde el Estado reprime la crítica, vigila a disidentes y opera sin contrapesos reales, el deterioro no afecta solo a las instituciones; termina penetrando la conducta cotidiana y la cultura moral del país.
Una dictadura longeva no puede sostenerse solo con fuerza. Necesita también fabricar una relación enferma con la verdad. En Venezuela, esa relación ha sido una de las bases más corrosivas del sistema. Durante décadas, el discurso oficial ha exigido adhesión pública, ha premiado la narrativa correcta y ha penalizado, abierta o silenciosamente, las versiones incómodas de la realidad. El resultado no es solo propaganda: es un hábito social. Cuando una sociedad aprende que la verdad pública no coincide con la verdad vivida, empieza a fragmentarse moralmente. Se dice una cosa en los actos, otra en la casa, otra entre amigos íntimos y otra en voz baja en la calle. La mentira deja de ser solo una imposición del poder y se convierte en una tecnología de supervivencia. Esa es una de las grandes victorias del autoritarismo: no solo imponer falsedades desde arriba, sino lograr que la gente incorpore la duplicidad como reflejo cotidiano. Eso está pasando en Venezuela bajo la Tutela de EEUU.
La Doble Moral es hoy el corazón de lo que llaman “transición tutelada” y es lo que más duele al venezolano de a pie. Lo que el ruido no deja ver descrita en tres capas: Económica, Jurídica y Política. En lo económico la Delcy negocia directamente con EEUU licencias petroleras con Chevron y habla de estabilidad. EEUU necesita el crudo pesado venezolano para las refinerías del Golfo. Mientras tanto, el salario en Venezuela siguen en $3-4 al mes. El petroleo entra, pero no baja a la gente. El discurso oficial es ”resistencia al bloqueo”, pero el bloqueo ya no existe para el crudo, solo para el ciudadano que no ve beneficio. En la doble moral jurídica EEUU tiene a Maduro preso en Brooklyn por narcoterrorismo y dice que lucha contra el narcotráfico. Pero mantiene a Delcy y a Diosdado como interlocutores válidos para garantizar esos envíos de petróleo. Es decir; el jefe de la estructura está preso por narco, pero la estructura que lo sostuvo sigue administrando el pais y vendiendo el petróleo. Para el pueblo, el mensaje es: la justicia es para el símbolo, el negocio sigue con los mismos. La doble moral politica, Delcy pide “soberanía y no injerencia” en la ONU pero administra un pais intervenido de facto. A la vez, su permanencia en Miraflores depende de que Washington no le retire la licencia y no la incluya en la acusación de Brooklyn. Y el liderazgo del 70% queda en el medio: si denuncia ese pacto Delcy-EEUU, lo acusan de estar contra la recuperación económica; si lo acepta, traiciona la idea de cambio radical.
El pueblo ve que se negoció la cabeza de Maduro, no se negoció el sistema que lo puso ahí. EEUU obtuvo seguridad energética y un caso judicial. Delcy obtuvo supervivencia. El único que no obtuvo nada en esa mesa fue el venezolano que votó el 28 Julio y sigue cobrando en bolívares. Por eso la pregunta ya no es que si Maduro es culpable. Eso lo decidirá Brooklyn. La pregunta es ¿negociamos solo la cabeza o negociamos el sistema? Si en estos 10 meses que quedan, con Colombia cambiada desde el 7 agosto y Trump con el reloj en contra, no convertimos el petroleo en fecha electoral con Maria Corina Machado (MCM) habilitada y conteo en vivo, entonces solo cambiamos de encargado. Y el pueblo, una vez más, se quedó sin silla en la mesa que decidió su futuro.
En la vida diaria, todos nos hemos enfrentado a situaciones donde, buscando escapar de un problema, terminamos en uno aún mayor. Una expresión que encapsula perfectamente este fenómeno es “Salir de Guatemala y entrar en Guatepeor”. El origen de esta expresión tiene más que ver con un juego de palabras que con una referencia histórica literal a Guatemala. Se basa en la similitud entre la palabra “Guatemala” y el término inventado “Guatepeor”, como una forma humorística de jugar con las palabras y el contexto. Si bien no hay un evento específico que haya dado origen a esta expresión, su uso en la lengua española se popularizó como una forma coloquial de advertir sobre la posibilidad de empeorar al tratar de escapar de una situación difícil. En el caso de Venezuela calza muy bien, después de 27 años de secuestro y narcodictadura del régimen chavista-madurista, rezándole todos los días al Santo Apóstol San Judas, patrón de los casos difíciles y desesperados, llegaron los EEU el 3 de enero pasado y secuestraron a Maduro y lo metieron preso. Alli empieza una estrategia de tres etapas que según los protagonistas, Delcy-EEU, va de maravilla pero la Doble Moral que ambos llevan ejerciendo nos hace pensar que tal vez salimos de algo malo a otro que se perfila peor. Podemos dar a EEUU el beneficio de la duda pero no al par. No saldremos de donde estamos hasta que no obtengamos el cambio político y eso requiere la participación de toda la ciudadanía.
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