El primer onomástico de Simón Bolívar Raúl Sanz Machado
Estimados amigos, hoy, 28 de oct. es el dia de San Simón, onomástico de El Libertador. Les remito el hermoso y cálido relato que hizo el Padre Carlos Borges, con motivo de la reinauguración de la casa natal de Bolívar, en 1921, que incluye la reseña de su bautismo. Es tan elocuente, que el lector se convierte en testigo presencial de aquel hecho y de la fiesta hogareña. Espero lo disfruten. Feliz fin de semana. RSM
El primer onomástico de Simón Bolívar Raúl Sanz Machado
El 11 de octubre de 1912 fue adquirida la casa natal de El Libertador, propiedad de los sucesores del General Antonio Guzmán Blanco, por la suma de Bs. 114.326.60. A tal efecto un grupo de notables venezolanos constituyeron, en vísperas del centenario del 19 de abril, la Sociedad Patriótica, para organizar los homenajes entre los cuales figuraba la adquisición de la casa natal, que fue posteriormente donada a la nación. Cuatro años más tarde, en 1916, por decreto del Presidente provisional de Venezuela, Victorino Márquez Bustillos se procedió a la reconstrucción del inmueble, según reza el artículo 1°: “Procédase a reconstruir y embellecer la Casa Natal de Simón Bolívar, con la magnificencia digna de un monumento consagrado a la veneración pública como recuerdo de El Libertador”. A tal efecto el Gobierno aprobó el proyecto presentado por el Ingeniero Vicente Lecuna, a un costo que ascendió a Bs. 325.322.44, incluyendo muebles auténticos de la época, además de gastos y sueldos. Para el mejor cumplimiento del decreto, se designó una Junta privada integrada por los arquitectos Antonio Malaussena y Alejandro Chataing, secundados por Luis Malaussena, discípulo de la Academia de Bellas Artes de Paris, el bibliófilo Manuel S. Sánchez, el anticuario Christián Witzke y Manuel Landaeta Rosales, experto investigador de los archivos coloniales. Los trabajos se prolongaron por cerca de dos años y la solemne reinauguración se celebró el 5 de julio de 1921, en el año centenario de la batalla de Carabobo, con asistencia del Presidente Juan Vicente Gómez.
El discurso de orden, estuvo a cargo del eminente orador sacro, poeta y escritor, Presbítero Carlos Borges Requena, quien en opinión de la Junta, con su admirable arte, compuso la pieza oratoria calificada como “…la historia íntima de la casa mientras fue hogar de los Bolívar”. En efecto, el discurso del Padre Borges, constituye un ameno y coloquial paseo por las dependencias de la mansión y el cálido relato del bautismo del niño Simón: “Pasen adelante sus Mercedes” –dice el orador- “Y entramos al salón principal” ¡Cuanta magnificencia! Y al mismo tiempo ¡que fino culto al arte! Que hidalgo sello de buen tono, de suprema elegancia, de auténtica cortesanía en el suntuoso estrado ¡Que gravedad en la belleza y qué gracia en el señorío! Cuan notablemente se armonizan en el decoro y ornamento del procero recinto, la austeridad de los Bolívar, gente de guerra y de trabajo, con el diletantismo de los Palacios, gente de arte y letras… el paraninfo excelso se detiene un instante sobre esta casa, como para reconocerla y bendecirla”
Y ahora, señores, -agrega el Padre Borges- “permitidme un paréntesis. Por muchos años el 28 de octubre –Día de San Simón- fue celebrado en Venezuela como un gran día de la Patria. Creyose al principio que ese día no solo era el onomástico, sino también el natalicio de El Libertador. Más tarde una disposición legislativa rectificó este error, trasladando la fiesta nacional al 24 de julio, verdadero aniversario del grande hombre. “Pero yo me atrevo a creer que lo que el sentimiento popular festejaba sin saberlo, y como por instinto, el 28 de octubre, era un acontecimiento todavía más grandioso, cuya gloria nos envidia toda la América: ¡la encarnación del genio de la libertad en el seno de una mujer venezolana! Nueve meses después, en esa misma alcoba nace Simón Bolívar…Entremos hermanos a esa alcoba, pero en silencio y de puntillas, no sea que despierte la joven madre… ¡Duerme mujer gloriosa, duerme madre y sonríe en tu sueño, porque ya es tuya la corona de la inmortalidad!”
“Llega el día solemne del bautismo; la santa ceremonia se cumple esta vez con singular magnificencia. Desde hoy y para siempre Simón Bolívar es cristiano; lo ha engendrado a la vida de la gracia, en virtud del primer sacramento, su ilustre pariente, el canónigo Don Juan Félix Jerez de Aristeguieta y Bolívar, quien poseedor de cuantiosos bienes, funda opulento mayorazgo en obsequio y para patrimonio de su dichoso ahijado y deudo. Hierve el hogar en su regocijo. Cuanto brilla en Caracas por la nobleza o la fortuna se encuentra aquí presente. Revienta de pronto en el zaguán con resonante júbilo, la magnífica orquesta de la Academia de Blandin. Así saluda el Padre Sojo la entrada triunfal de su sobrino en el
camino de la cruz…que es el camino de la gloria. En la exaltación del entusiasmo se alzan plenos de vino, vasos y corazones; son viejos vinos españoles, color de sangre y oro, como la bandera de la Conquista; vinos de altar y tronos, topacios y rubíes que fulguran gloriosamente dentro de las copas en círculo, cristalina corona de la fiesta”.
“Desde las ventanas, de par en par abiertas, los padrinos tiran puñados de menudas monedas a la chiquillería insaciable que aturde a la calle con sus vivas. En el fondo del último patio, al son de arpa y maracas, los esclavos bailan la zamacueca. Y lejos del grupo servil, en el centro del señorío, más que todos alegre y orgullosa, Hipólita desempeña sus funciones de aya. Vedla que mona y que galana, con mas adornos que la palma del Arzobispo el Domingo de Ramos, con su blanca risa de negra, cien cocuyos en cada ojo, en la mano una onza de oro, regalo del padrino y el “Sol del Perú, limpio de toda mancha, amaneciendo entre sus negros brazos”. Pero aquí me detengo –señores- para cobrar aliento. No es posible en el breve espacio de un discurso, revivir toda la historia íntima de esta casa, durante el tiempo en que fue solar de los Bolívar; contentémonos con que pasen por nuestro espíritu y como en sueño, algunas de las primera impresiones que en este sitio, teatro de su infancia, recogiera en su corazón el hijo de Caracas, Libertador de América”.
El 6 de julio de 1792 muere la madre. El viejo Palacios se apresura a participarlo a su hijo Esteban, hermano, el más querido de la difunta: “Esta mañana a las once y media –le escribe- fue servido de Dios llevársela”, Ahí está en esa sala, agrega el Padre Borges, tendida en su ataúd. Toda la casa viste ostentoso luto… Acerquémonos a la urna todavía abierta, alcemos una punta del pañuelo que cubre el rostro… ¡Que pálida, que tranquila, que gloriosa!. Tenía treinta y cuatro años. Con su muerte se acaba este hogar. “Que brille para siempre esa estrella sobre esta casa, como la lámpara votiva de la Patria sobre la cuna de El Libertador”.
El primer onomástico de Simón Bolívar Raúl Sanz Machado
El 11 de octubre de 1912 fue adquirida la casa natal de El Libertador, propiedad de los sucesores del General Antonio Guzmán Blanco, por la suma de Bs. 114.326.60. A tal efecto un grupo de notables venezolanos constituyeron, en vísperas del centenario del 19 de abril, la Sociedad Patriótica, para organizar los homenajes entre los cuales figuraba la adquisición de la casa natal, que fue posteriormente donada a la nación. Cuatro años más tarde, en 1916, por decreto del Presidente provisional de Venezuela, Victorino Márquez Bustillos se procedió a la reconstrucción del inmueble, según reza el artículo 1°: “Procédase a reconstruir y embellecer la Casa Natal de Simón Bolívar, con la magnificencia digna de un monumento consagrado a la veneración pública como recuerdo de El Libertador”. A tal efecto el Gobierno aprobó el proyecto presentado por el Ingeniero Vicente Lecuna, a un costo que ascendió a Bs. 325.322.44, incluyendo muebles auténticos de la época, además de gastos y sueldos. Para el mejor cumplimiento del decreto, se designó una Junta privada integrada por los arquitectos Antonio Malaussena y Alejandro Chataing, secundados por Luis Malaussena, discípulo de la Academia de Bellas Artes de Paris, el bibliófilo Manuel S. Sánchez, el anticuario Christián Witzke y Manuel Landaeta Rosales, experto investigador de los archivos coloniales. Los trabajos se prolongaron por cerca de dos años y la solemne reinauguración se celebró el 5 de julio de 1921, en el año centenario de la batalla de Carabobo, con asistencia del Presidente Juan Vicente Gómez.
El discurso de orden, estuvo a cargo del eminente orador sacro, poeta y escritor, Presbítero Carlos Borges Requena, quien en opinión de la Junta, con su admirable arte, compuso la pieza oratoria calificada como “…la historia íntima de la casa mientras fue hogar de los Bolívar”. En efecto, el discurso del Padre Borges, constituye un ameno y coloquial paseo por las dependencias de la mansión y el cálido relato del bautismo del niño Simón: “Pasen adelante sus Mercedes” –dice el orador- “Y entramos al salón principal” ¡Cuanta magnificencia! Y al mismo tiempo ¡que fino culto al arte! Que hidalgo sello de buen tono, de suprema elegancia, de auténtica cortesanía en el suntuoso estrado ¡Que gravedad en la belleza y qué gracia en el señorío! Cuan notablemente se armonizan en el decoro y ornamento del procero recinto, la austeridad de los Bolívar, gente de guerra y de trabajo, con el diletantismo de los Palacios, gente de arte y letras… el paraninfo excelso se detiene un instante sobre esta casa, como para reconocerla y bendecirla”
Y ahora, señores, -agrega el Padre Borges- “permitidme un paréntesis. Por muchos años el 28 de octubre –Día de San Simón- fue celebrado en Venezuela como un gran día de la Patria. Creyose al principio que ese día no solo era el onomástico, sino también el natalicio de El Libertador. Más tarde una disposición legislativa rectificó este error, trasladando la fiesta nacional al 24 de julio, verdadero aniversario del grande hombre. “Pero yo me atrevo a creer que lo que el sentimiento popular festejaba sin saberlo, y como por instinto, el 28 de octubre, era un acontecimiento todavía más grandioso, cuya gloria nos envidia toda la América: ¡la encarnación del genio de la libertad en el seno de una mujer venezolana! Nueve meses después, en esa misma alcoba nace Simón Bolívar…Entremos hermanos a esa alcoba, pero en silencio y de puntillas, no sea que despierte la joven madre… ¡Duerme mujer gloriosa, duerme madre y sonríe en tu sueño, porque ya es tuya la corona de la inmortalidad!”
“Llega el día solemne del bautismo; la santa ceremonia se cumple esta vez con singular magnificencia. Desde hoy y para siempre Simón Bolívar es cristiano; lo ha engendrado a la vida de la gracia, en virtud del primer sacramento, su ilustre pariente, el canónigo Don Juan Félix Jerez de Aristeguieta y Bolívar, quien poseedor de cuantiosos bienes, funda opulento mayorazgo en obsequio y para patrimonio de su dichoso ahijado y deudo. Hierve el hogar en su regocijo. Cuanto brilla en Caracas por la nobleza o la fortuna se encuentra aquí presente. Revienta de pronto en el zaguán con resonante júbilo, la magnífica orquesta de la Academia de Blandin. Así saluda el Padre Sojo la entrada triunfal de su sobrino en el
camino de la cruz…que es el camino de la gloria. En la exaltación del entusiasmo se alzan plenos de vino, vasos y corazones; son viejos vinos españoles, color de sangre y oro, como la bandera de la Conquista; vinos de altar y tronos, topacios y rubíes que fulguran gloriosamente dentro de las copas en círculo, cristalina corona de la fiesta”.
“Desde las ventanas, de par en par abiertas, los padrinos tiran puñados de menudas monedas a la chiquillería insaciable que aturde a la calle con sus vivas. En el fondo del último patio, al son de arpa y maracas, los esclavos bailan la zamacueca. Y lejos del grupo servil, en el centro del señorío, más que todos alegre y orgullosa, Hipólita desempeña sus funciones de aya. Vedla que mona y que galana, con mas adornos que la palma del Arzobispo el Domingo de Ramos, con su blanca risa de negra, cien cocuyos en cada ojo, en la mano una onza de oro, regalo del padrino y el “Sol del Perú, limpio de toda mancha, amaneciendo entre sus negros brazos”. Pero aquí me detengo –señores- para cobrar aliento. No es posible en el breve espacio de un discurso, revivir toda la historia íntima de esta casa, durante el tiempo en que fue solar de los Bolívar; contentémonos con que pasen por nuestro espíritu y como en sueño, algunas de las primera impresiones que en este sitio, teatro de su infancia, recogiera en su corazón el hijo de Caracas, Libertador de América”.
El 6 de julio de 1792 muere la madre. El viejo Palacios se apresura a participarlo a su hijo Esteban, hermano, el más querido de la difunta: “Esta mañana a las once y media –le escribe- fue servido de Dios llevársela”, Ahí está en esa sala, agrega el Padre Borges, tendida en su ataúd. Toda la casa viste ostentoso luto… Acerquémonos a la urna todavía abierta, alcemos una punta del pañuelo que cubre el rostro… ¡Que pálida, que tranquila, que gloriosa!. Tenía treinta y cuatro años. Con su muerte se acaba este hogar. “Que brille para siempre esa estrella sobre esta casa, como la lámpara votiva de la Patria sobre la cuna de El Libertador”.
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