El orden de nacimiento y la personalidad (Gustavo Gonzalez Urdaneta)
El orden de nacimiento y la personalidad
Gustavo Gonzalez Urdaneta
Miami 11 julio 2021
En las
civilizaciones humanas existió durante muchos siglos el derecho de primogenitura,
por el que el hijo varón mayor heredaba las tierras familiares para mantenerlas
unidas, así como la autoridad y responsabilidad sobre la familia. Estas mismas
culturas eran muy exigentes con el hermano mayor, que al ser el heredero,
tenía que demostrar que iba a ser capaz de ejercer autoridad familiar, con lo
que claramente las normas y deberes familiares eran con él mucho más rígidas
que con los segundones, también se le exigía mucho más rendimiento
en su trabajo y estudios, todo esto dependiendo del nivel económico y estatus
familiar heredado al primogénito.
Muchas de estas
costumbres entraron en decadencia desde el siglo XVIII con la
Revolución Francesa y revoluciones burguesas liberales, que impulsaban la
igualdad con base en la nación y derechos personales y rompían así la estructura
familiar basada en los padres de familia. En los países occidentales,
después de los cambios y las revoluciones del siglo XIX, el derecho de primogenitura
es considerado un arcaísmo.
Era 1874,
y Francis Galton, un intelectual todoterreno y medio primo de Charles
Darwin, publicó English Men of Science: Their Nature and Nurture. En su
libro, describió a 180 científicos prominentes, y durante su investigación,
Galton notó algo peculiar: entre sus sujetos, los primogénitos estaban sobrerrepresentados.
La observación
de Galton fue la primera de una larga lista de publicaciones científicas y
pseudocientíficas sobre el efecto del orden de nacimiento. Las mayores
posibilidades de éxito para los primogénitos, en opinión de Galton, se debían a
su crianza, una explicación que encajaba con las costumbres de la era
victoriana: los hijos mayores tenían más posibilidades de que sus padres
pagaran su educación, los padres daban a sus hijos más atención y
responsabilidad a los hijos mayores, y en familias de recursos económicos
limitados, los padres pueden cuidar un poco más a sus primogénitos.
Aparte de
algunas familias reales, la primogenitura ya no es la norma
en los países de occidente. En algún momento del último siglo, la
mayoría de los residentes de los países industrializados se convencieron de que
el amor, la atención, el tiempo y la herencia deben dividirse de manera equitativa
y justa entre nuestra descendencia.
La personalidad
es un constructo psicológico, que se refiere a un conjunto dinámico de
características psíquicas de una persona, a la organización interior que
determina que los individuos actúen de manera diferente ante una determinada
circunstancia. El concepto puede definirse también como el patrón de actitudes,
pensamientos, sentimientos y repertorio conductual que caracteriza a una
persona, y que tiene una cierta persistencia y estabilidad a lo largo de su
vida, de tal modo que las manifestaciones de ese patrón en las diferentes
situaciones poseen algún grado de predictibilidad.
Se ha demostrado
que nuestro entorno influye en nuestra manera de ser, de
disfrutar, en nuestros hábitos, en conseguir lo que nos proponemos, etc. Desde
el barrio en el que vivimos, nuestros vecinos, el coche que nos compramos,
nuestra familia, amigos, compañeros del trabajo, el clima y hasta nuestras
propias creencias o la información que obtenemos influyen en nosotros de una
manera muchas veces inconsciente. Esto no es nada nuevo ya que desde hace
siglos, el feng shui estudia el chi (la energía) con el fin de
lograr que los espacios tengan una influencia positiva para las personas que
los ocupan simplemente cambiando la disposición de la casa o añadiendo o
quitando elementos para potenciar el chi.
La psicología
social nos dice que nos convertimos en una combinación de las cinco
personas con las que pasamos más tiempo. La influencia es muy sutil, es
como flotar en una colchoneta hinchable en el mar. Crees que flotas y
permaneces en la misma posición, hasta que miras y te das cuenta de que una
corriente moderada te ha desplazado ochocientos metros de la costa. Esto no es
sólo por la influencia que ejerce el entorno sobre nosotros sino que además,
los seres humanos aprendemos por modelado, es decir copiando el
comportamiento de los demás. Lo que está claro es que no podemos escapar de
la influencia de los entornos, todo influye en todo, sobre todo la familia.
A su vez, todos
ejercemos una influencia en nuestro entorno más cercano. Es una
relación bidireccional, de doble influencia. Los contextos en los que
nos movemos pueden ser unos grandes aliados o enemigos y los suelen agrupar en
tres categorías: Materiales que son los lugares donde se vive y se
trabaja, el barrio y el vecindario, la tecnología, el automóvil o el ajuar
doméstico. Los Personales que incluyen la familia, la pareja, los
amigos, los compañeros de trabajo, los conocidos, el contacto en las redes sociales,
los horarios y los hábitos. Y los Mentales que abarcan las creencias,
los paradigmas, la formación e información, la religión o los
condicionamientos.
Todas estas circunstancias
pueden jugar a favor o en contra de uno, ser un motor que propulse
nuestra vida o un ancla que la hunda. Un entorno colabora o compite.
Inspira o deprime. Nutre o envenena. Obviamente también existen entornos
neutros, pero por esa misma razón hay que evitarlos tanto como los que nos
perjudican. No es posible prescindir de los ambientes, pero sí elegirlos
cuidadosamente teniendo en cuenta sus efectos. La influencia de las personas
es invisible y silenciosa, se acumula con el tiempo, pero sus
efectos acaban siendo muy visibles a la larga. Cada familiar, amigo o conocido
deja su huella, una influencia mayor o menor. De hecho, acabamos pareciéndonos
mucho a las personas que más tratamos.
Se puede decir
que la familia tiene cierta influencia en cada uno de nosotros, porque
hay costumbres y comportamientos que tendemos a repetir, es lo que hemos
aprendido en nuestras casas. Sin embargo, en una misma familia los hijos crecen
de manera muy distinta, cada uno con su personalidad y sus características
peculiares. El ser humano tiene una enorme capacidad de superación
y de adaptación, de manera que ante situaciones familiares
disfuncionales y complicadas pueden sacar lo mejor de sí mismo, desarrollando personalidades
fuertes y maduras. Es decir, a pesar de la incontestable influencia de los
patrones familiares, podemos modificar nuestra conducta a través de nuestra decisión
libre, cambiando nuestros actos por medio de nuestra voluntad.
Los teóricos
del orden de nacimiento creen que la posición de los niños en la familia
determina considerablemente las características de la personalidad, aunado el
comportamiento dentro y fuera del hogar. Según ellos, el orden de nacimiento en
la familia determina más el carácter que la pertenencia a una clase
social y es el entorno familiar y no las diferencias genéticas
las claves de las diferencias de personalidad. En el ámbito genético, las
personas con el mismo orden de nacimiento tienen más cosas en común entre sí
que con los propios hermanos. Ello origina dos de las causas más importantes de
la evolución social; el conflicto padres e hijos y el conflicto hermano,
hermano.
Los hijos
únicos, como los primogénitos, tienden a identificarse fuertemente
con los padres y con la autoridad y suelen ser bastante conservadores y
convencionales. El hecho de tener la libertad de explorar nichos familiares
potenciales sin la amenaza de la exclusión competitiva de los hermanos hace que
sean más variables en intereses, personalidades y actitudes sociales.
Para algunos
autores, la historia de las diferencias entre hermanos es la
historia de la estructura familiar y de cómo se dividen los espacios
dentro de ellas. Es también la historia de la inversión de los padres en los
hijos. En general los padres se esfuerzan para no exhibir favoritismos,
ya que, ninguna injusticia social es sentida más profundamente que aquellas
sufridas dentro de la propia familia y los niños demuestran que son muy perceptivos
a los favoritismos paternos.
Hasta hace dos
décadas no había resultados convincentes que relacionaran el
orden del nacimiento con la personalidad o la conducta, pero estudios de los
últimos años finalmente reflejaron datos medibles que la ubicación en el orden
del nacimiento sí afecta tanto el cociente de inteligencia como la personalidad.
El tamaño de la familia sí importa. Hay muchas razones por las cuales el
tamaño de la familia puede afectar las elecciones y personalidades. A más
hijos, los recursos parentales (dinero, tiempo y atención) se deben repartir
más. Incluso, el tamaño de la familia también está asociado a factores sociales
importantes, tales como el grupo étnico, la educación y la salud.
A principios del
siglo XX, Alfred Adler, el antiguo seguidor de Freud, quien creía
que la llegada de un hermano menor significaba el destronamiento del
primogénito, introdujo el efecto del orden de nacimiento en el dominio
de la psicología de la personalidad. Según Adler, el mayor
se identifica más con los adultos de su entorno y, por tanto, desarrolla tanto
un mayor sentido de responsabilidad como más neurosis. El más joven
tiene más posibilidades de ser mimado y, a menudo, también es más creativo.
Todos los niños del medio (Adler era un hijo del medio) son
emocionalmente más estables e independientes: son los pacificadores,
acostumbrados a compartir desde el principio.
Después de Galton
y Adler, la idea de que la posición familiar afecta la personalidad ha
sido sometida a muchas pruebas científicas. Estas pruebas generaron hechos que
sin duda todavía vuelan sobre la mesa en las cenas de Navidad: que los
primogénitos están sobrerrepresentados como ganadores del Premio Nobel,
compositores de música clásica y, curiosamente, "psicólogos
prominentes". Los hijos posteriores, por otro lado, tenían más
probabilidades de haber apoyado la Reforma Protestante y la Revolución
Francesa.
Hay tantas
suposiciones, hay mucha investigación y todavía hay muy pocas
conclusiones sólidas que sacar. A estas alturas, los estudios que
investigan el efecto del orden de nacimiento se cuentan por miles. Cómo los
padres pueden ayudar a sus hijos a enfrentar los desafíos del orden de
nacimiento han ayudado a difundir la idea de que su lugar en la familia
determina quién eres.
En 2003,
dos psicólogos estadounidenses y dos polacos preguntaron a cientos de
participantes qué sabían sobre el orden de nacimiento. La mayoría de los
encuestados estaban convencidos de que los nacidos antes tenían más
posibilidades de una carrera prestigiosa que los nacidos más tarde, y
que esas diferentes oportunidades profesionales tenían que ver con sus rasgos
de carácter específicos relacionados con el orden de nacimiento.
El final de 2015
vio la publicación de dos estudios en los que se obviaron en gran medida las
deficiencias metodológicas de las investigaciones previas sobre el orden de
nacimiento (conjuntos de muestras no representativas, inferencias incorrectas).
En uno de estos estudios, dos psicólogos estadounidenses analizaron datos sobre
los rasgos de personalidad y la posición familiar de 377.000 alumnos de
secundaria en Estados Unidos. Encontraron asociaciones entre el orden de
nacimiento y la personalidad, pero además de ser tan pequeños como para ser
"estadísticamente significativos pero sin sentido", como lo formuló
uno de los investigadores, también fueron parcialmente contrarios a los
pronosticados por las teorías predominantes. Por ejemplo, los primogénitos
en este conjunto de datos podrían ser un poco más cautelosos, pero también eran
menos neuróticos que los niños nacidos más tarde.
El otro estudio
buscó asociaciones entre la personalidad y el orden de nacimiento en datos de Estados
Unidos, Gran Bretaña y Alemania para un total de más de 20,000 personas,
comparando niños de diferentes familias, así como hermanos de la misma familia
y corrigiendo factores como la familia. tamaño y edad. Aquí, los investigadores
no encontraron relación entre el lugar de una persona en la familia
y cualquier rasgo de personalidad.
Aun así, los
autores de uno de esos estudios de 2015 albergan pocas esperanzas de
librar al mundo de la creencia de que el orden de nacimiento determina
la personalidad. Después de todo, según ellos mismos, se necesita una
eternidad para que los conocimientos académicos lleguen al público en general.
Y tendemos a dejarnos influir menos por los resultados científicos que
por nuestras propias experiencias. En resumen, más de un siglo después
de que se propusiera por primera vez, la posible existencia del efecto de orden
de nacimiento se había convertido en conocimiento común.
Según ese
conocimiento común, hay quienes indican que el hijo mayor es el más
adulto de todos, el receptor de valores paternos. Pero con el nacimiento de
nuevos hijos, la dedicación y el entusiasmo que los padres ponen en él va a
mermar; otros niños, sobre todo si son muy seguidos, reclaman su atención; así,
a medida que nacen más se debilita la educación parental, que es jerárquica.
Así detallan la existencia del síndrome del primer hijo, o hijo adulto,
más apegado a los padres; el síndrome del mimado, el menor, que
tiene privilegios y al que se considera pequeño durante más tiempo y el
síndrome del hijo mediano, o patito feo, el que más facilidad tiene para
desarrollar emociones negativas, pero también el más sociable de todos.
Según el mismo
conocimiento común, el segundo hijo, o mediano en el orden, suele ser
más diplomático y alegre, puesto que a diferencia del primero cuenta ya con un
cierto camino abierto que le deja el mayor, los padres ya cuentan con
experiencia y no le sobreprotegen tanto, por lo que su grado de sociabilidad y
competitividad será mayor que en el caso del primero, estableciéndose una
especie de lucha de uno por intentar superar al otro y del primero por tratar
de defender lo que considera suyo. Los padres suelen ser menos exigentes y
demandantes con los hijos de en medio quienes desarrollan actitudes más
relajadas frente a la vida en comparación con los hermanos mayores pero para
sobresalir se esfuerzan más en ser reconocidos. El benjamín de la casa es
el más mimado por los progenitores y los alumnos perfectos de los hermanos
mayores. Los más pequeños de la casa reciben ese sentimentalismo especial por
ser los últimos y suelen ser mucho más mimados por los progenitores, razón por
la cual también suelen ser más cariñosos que el resto de los hijos.
Según algunos
autores, los hijos únicos jamás pierden la posición de supremacía y
poder que tiene en la familia, por lo que siguen siendo el foco y centro de
atención. Al pasar más tiempo en la compañía de adultos que un niño con
hermanos, los hijos únicos suelen madurar pronto y manifestar comportamientos y
actitudes adultas. Los hijos únicos pueden experimentar dificultades cuando se
encuentran en un área de vida fuera del hogar, como la escuela, donde no son el
centro de atención. Por otro lado, no han aprendido a compartir ni a competir y
las habilidades no les proporcionan el reconocimiento y atención suficiente, es
probable que sientan una profunda decepción.
Por supuesto,
todas las circunstancias en las que un niño llega al mundo, ya sea que nazca
hombre o mujer, en la guerra o en la paz, en una pobreza relativa o una riqueza
exorbitante, terminan convirtiendo a una persona en lo que es. Las diferentes
personalidades que presentan los hermanos en la etapa de la niñez son
de mucha importancia para un buen desarrollo emocional lo cual muchos
padres por falta de información no toman en cuenta al educar a sus hijos
apropiadamente, pues consideran hacer bien su papel de crianza al tratar de la
misma manera a todos sus hijos y esto genera conflictos entre hermanos además
un mal desarrollo social y escolar de los niños.
La personalidad
es al hombre lo que el perfume es a la flor. (Charles M. Schwab)
Encuéntrate y sé tú mismo; recuerda que no hay
nadie como tú. Dale Carnegie
Lo que alimentas
dentro de ti es lo que crece. (Johann Wolfgang von Goethe)
Para: Factotum Ignacianos
ReplyDeleteDe: Irene Dacal
En este tema es difícil generalizar porque hay muchos otros factores que pueden mediar como por ej la distancia entre un hijo y otro - los míos se llevan 10 años y fueron casi hijos únicos los dos- cuando el primero y el segundo son muy seguidos la madre no está preparada para recibirlo y ocurre un rechazo inconsciente que afecta al segundo. Otro factor por ej las personalidades de padres e hijos que hacen que se sientan más o menos atraídos entre sí. O sea que no es solo el orden lo que habría que considerar
No recuerdo como tuve acceso a un libro de furor en la década de los noventa, Hermanos y hermanas: el orden de nacimiento en la familia, escrito a mediados del siglo XX por el pediatra y antroposofista vienés Karl König. Lo que llama la atención desde las primeras páginas es la certeza con la que König caracteriza al primer, segundo y tercer hijo. Las tipologías a las cuales alude se parecen mucho a los horóscopos, en el sentido de que no puede ser muy difícil reconocerse a sí mismo, a sus hijos, al menos parcialmente en cualquiera de ello.
ReplyDeleteA estas alturas, los estudios que investigan el efecto del orden de nacimiento se cuentan por miles. Tampoco faltan publicaciones populares: títulos como Born to Rebel: Birth Order, Family Dynamics y Creative Lives and Birth Order Blues: Cómo los padres pueden ayudar a sus hijos a enfrentar los desafíos del orden de nacimiento han ayudado a difundir la idea de que su lugar en la familia determina quién eres.
Como me dijo recién una amiga, no es sólo el orden lo que habría que considerar. Y es cierto, pero tampoco se puede generalizar que hijos contiguos, pero muy separados, se puedan considerar como hijos únicos los dos. Los padres también han evolucionado y a mayor velocidad durante el mismo periodo entre ellos. En mi caso los dos se llevan siete años y, aunque se parecen físicamente, fueron totalmente diferentes toda sus vidas, pero prevalecieron en ambos los valores y principios transmitidos por sus progenitores.
Más allá de los rasgos subjetivos de la personalidad, tenemos o no un grado de madurez que nos permite o impide vincularnos de manera óptima con los demás. Si hablamos de la formación de la personalidad, no podemos olvidar el nivel de influencia que tienen los padres y el ambiente en el que un niño crece. Si crece en un ambiente lleno de cariño y aceptación, aprenderá a ser tolerante con los demás. Si ve en sus referentes voluntades fuertes y buen temple, quizás absorba del ejemplo esas cualidades o las vea deseables y luche por alcanzarlas.
Los críticos señalan que no es nada sencillo saber lo que le da forma a la vida humana individual ya que es muy difícil excluir todo el "ruido" que se genera en su entorno. Esto significa que los rasgos que podríamos atribuir al orden de nacimiento de una persona pueden, de hecho, tener más que ver con, digamos, el estatus socioeconómico, el tamaño o la etnia de la familia o los valores de una cultura en particular.