Memoria y Aprendizaje (II): Tipos, estilos y procesos Gustavo González Urdaneta

 Memoria y Aprendizaje (II): Tipos, estilos y procesos

Gustavo González Urdaneta

Miami 2 junio 2024

 

 

Dentro de cada niño hay un filósofo en potencia; la cuestión es cómo sacarlo a la luz. Para ayudar a reflexionar a los más jóvenes llegan libros como 'El niño filósofo', de Jordi Nomen, un manual para enseñar a pensar. Hay infinidad de preguntas, que si bien asociamos con sesudos pensadores y meditabundos intelectuales, bien podemos probar a leerlas encabezadas con la palabra” abuelo” ¿Por qué se acaba la vida? ¿Cómo es posible que existan los números si no podemos tocarlos? ¿Qué ocurre cuando uno muere? ¿Es posible demostrar si existe o no existe Dios? ¿Cómo sabemos que los perros no piensan? ¿Todos estamos al corriente de lo que está bien y de lo que está mal? Sí, son algunas de las típicas preguntas con las que muchos niños martillean a sus progenitores.” Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”, sentenció Pitágoras hace ya unos 2.500 años.

 

El suizo Jean Piaget, famoso por sus estudios sobre la infancia, consideraba por ejemplo que hasta los 11 o 12 años los niños no eran capaces de desarrollar el pensamiento crítico. Craso error. No es así. Los más pequeños no sólo pueden filosofar, sino que en opinión de numerosos expertos deben hacerlo. Tienen que hacerlo. Ya lo decía Matthew Lipman, un filósofo y educador estadounidense que hasta su muerte fue uno de los grandes defensores de las ventajas que la Filosofía puede aportar a los más pequeños y al bien común. Tan fervientemente creía en los beneficios de la Filosofía que en los años 80 creó un programa educativo llamado Philosophy for children (Filosofía para niños).

 

Philosophy for children se fue ampliando poco a poco, con nuevos libros para enseñar a los niños a filosofar y también con manuales para los profesores en los que se les explicaba cómo poner en práctica el proyecto. En vista de sus exitosos resultados, en 1986 el Departamento de Educación de Estados Unidos reconoció los beneficios de Philosophy for children, y desde entonces lo subvenciona. Hoy, el proyecto de Lipman está presente en 40 países.

 

La pregunta es: ¿cómo demonios se enseña a filosofar a los niños? A esa peliaguda cuestión trata de responder El niño filósofo, un delicioso libro firmado por Jordi Nomen, profesor de Filosofía y uno de los cerebros detrás de la escuela Sadako de Barcelona, uno de los centros educativos más influyentes e innovadores de España. El libro, publicado por la editorial Arpa, es un manual práctico para ayudar a padres y educadores a enseñar a filosofar a niños de entre 9 y 12 años.

 

Uno de los modos de enseñarles a filosofar es devolverles algunas de esas preguntas con las que con frecuencia acribillan a los mayores. Por ejemplo, ante un «papá, ¿qué sentido tiene vivir sabiendo que al final todos vamos a morir?» se puede responder con «¿tú por qué crees?» y, a partir de ahí, establecer un diálogo. Pero Nomen apuesta, sobre todo, por tres herramientas para enseñar a los niños a reflexionar: los cuentos, los juegos y el arte. El Niño filósofo es, en ese sentido, un libro enormemente útil y práctico. Nomen pone a disposición de padres y educadores un total de 12 grandes preguntas que a lo largo de la historia 12 grandes filósofos occidentales se han planteado, incluyendo la respuesta que daban a las mismas.

 

Nomen sentencia que el filosofar en tiempos de internet y de redes sociales, cuando todo son distracciones, se ha convertido en algo muy complicado. Le da la sensación de que algunos no quieren que pensemos por nosotros mismos, no quieren que seamos capaces de descubrir las mentiras y las falacias. Y la mejor manera de lograrlo es arrinconando las asignaturas de tipo humanístico, la Filosofía, pero también la Historia, la Literatura... Esas son materias que deben estar en el currículo porque nos hacen mejores ciudadanos.

 

Las formas o tipos de memoria son procesos en que hay reconocimiento de algo (de un objeto, de una cara) en el marco de un determinado tipo de información (auditiva, olfativa o visual). En los sistemas de memoria, en cambio, lo que se recuerda tiene, además, una implicación. Considerando la forma en que puede evocarse la memoria de los sistemas y el posible substrato biológico involucrado, los investigadores han tratado de distinguir la memoria implícita de la explícita y la memoria declarativa de la no-declarativa.

 

 

Las memorias explícita y declarativa se caracterizan porque hay una recolección consciente de informaciones y experiencias pasadas y de habilidades motoras, en que se recuerda cómo hacer las cosas. Su substrato anatómico se relaciona con el lóbulo temporal medial. Las memorias implícita y no-declarativa recuerda las cosas como son y qué son. Representarían las influencias inconscientes de las experiencias pasadas. El substrato anatómico involucrado estaría representado por diversas estructuras diferentes al lóbulo temporal medial. En los seres humanos se han definido cinco sistemas de memoria: memoria episódica (conocimientos personales), semántica (conocimientos generales), de representación perceptual (palabras y objetos), memoria de procedimientos (habilidades y destrezas motoras) y memoria de trabajo (tareas cognitivas).

 

 

Los estilos de aprendizaje son las estrategias o métodos mediante los cuales las personas adquieren, procesan, y retienen información. Diferentes individuos aprenden de diferentes maneras, por lo que los estilos de aprendizaje pueden variar significativamente. Los estilos de aprendizaje pueden ser kinestésico, visual y auditivo y representan las diversas formas en que las personas procesan y comprenden la información. Cada uno de nosotros tiende a tener una preferencia hacia uno o una combinación de estos estilos, aunque también podemos adaptarnos a otros en función del contexto.

 

 

El aprendizaje kinestésico se refiere a las personas que aprenden mejor a través de la experiencia directa y la participación activa. En lugar de solo escuchar una conferencia o leer un libro de texto, los aprendices kinestésicos prefieren "aprender haciendo". Esto puede incluir actividades prácticas, experimentos, juegos de roles, o incluso paseos mientras reflexionan sobre un tema. Este tipo de aprendizaje es útil en campos prácticos, como las ciencias, la ingeniería, y las artes, aunque puede ser aplicado en cualquier área de estudio.

 

 

Los aprendices visuales, como su nombre indica, comprenden mejor la información cuando se presenta visualmente. Esto puede ser a través de gráficos, diagramas, tablas, imágenes, mapas mentales, y otros medios visuales. La representación visual de la información ayuda a estas personas a formar una imagen mental clara que facilita el recuerdo y la comprensión. Muchos aprendices visuales también prefieren tomar notas y hacer esquemas para organizar la información visualmente.

 

 

Finalmente, el aprendizaje auditivo se refiere a aquellos que retienen información de manera más efectiva cuando la escuchan. Esto puede ser a través de conferencias, debates, podcasts, audiolibros, o incluso grabando y reproduciendo sus propias notas. Los aprendices auditivos suelen tener habilidades sólidas para recordar información que han escuchado y pueden seguir instrucciones verbales con precisión.

 

 

Comprender tu estilo de aprendizaje preferido puede ser crucial para desarrollar estrategias de estudio efectivas y maximizar tu capacidad para aprender y retener nueva información. Sin embargo, es importante recordar que la flexibilidad también es valiosa, ya que diferentes tareas y contextos pueden requerir diferentes enfoques de aprendizaje.

 

 

En el año 1978, se compararon dos procesos de aprendizaje diferentes. El primer grupo (grupo A) utilizó un proceso de “aprendizaje masivo”, en el que se repetía la información una y otra vez en un corto período de tiempo para acumular el máximo de conocimiento posible antes de un examen. Este grupo obtuvo un resultado del 80% en el primer examen, lo que indica que su estrategia de aprendizaje tuvo éxito en el corto plazo.

 

 

Por otro lado, el grupo B utilizó una técnica conocida como "recuperación iterativa" o "rebel learning", que consiste en estudiar en diferentes momentos del tiempo y siempre intentar recordar lo que se ha aprendido en la sesión anterior, pero en períodos de tiempo más cortos. El resultado fue que en el primer examen, el grupo B obtuvo un resultado del 70%. Aunque no fue tan alto como el del grupo A, el resultado fue respetable.

 

 

Sin embargo, dos meses después, se realizó un segundo examen a ambos grupos. El grupo A obtuvo un 13% de respuestas correctas, mientras que el grupo B obtuvo un 50% de respuestas correctas. Esto demuestra que, aunque el grupo A tuvo un mejor desempeño en el primer examen, su estrategia de aprendizaje no les permitió retener la información a largo plazo.

 

 

Podemos notar como el aprendizaje masivo y la repetición pueden ser efectivos a corto plazo, pero el aprendizaje basado en la recordación o recuperación es más eficaz para retener la información a largo plazo. Así que la próxima vez que estudies para un examen, trata de distribuir tus sesiones de estudio en diferentes momentos y practica la recuperación iterativa. Tu capacidad para recordar y aplicar la información en el futuro te lo agradecerá.

 

 

“Siempre estoy haciendo lo que no puedo hacer para poder aprender cómo hacerlo” Pablo Picasso.

 

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